sábado, 30 de mayo de 2009

EL ESTADO QUE QUEREMOS, EL ESTADO QUE NECESITAMOS



Nos pasamos la vida renegando de lo que no tenemos, y cuando lo conseguimos no lo deseamos más y nos molesta.

A partir de la década de los 90 nos hicieron sentir que el estado nos estaba encima, ahogándonos con sus gastos desmesurados, que la única solución era sacudirnos de la espalda ese “elefante blanco” inútil y permitir que las empresas privadas se hicieran cargo de esos servicios que necesitábamos y no teníamos.

Así fuimos regalando, cediendo, pagando para sacarnos de encima y, en resumidas cuentas entregando nuestras riquezas naturales y todas las empresas que nos brindaban servicios esenciales.
Entonces pasaron a manos privadas el agua, el gas, la luz –excepto en Santa Fe- el petróleo, las comunicaciones telefónicas, la extracción de minerales, etc.

Fueron muchas las voces que apoyaron y alabaron estas medidas con el verso de la productividad, la libre empresa y la calidad de los servicios, fueron pocas, en cambio, las que se alzaron en contra, hablando de soberanía e independencia. Muchas menos fueron, casi ninguna, las que protestaron por la entrega del país en manos de unos pocos –los mismos “pocos” que hoy levantan voces de indignación por la estatización venezolana pidiendo a gritos…¡¡¡LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO!!!-

Pero los argentinos ya estamos acostumbrados a este doble discurso. Desde los que critican la nefasta frase de la Gimenez –los que matan deben morir- y cuando les toca de cerca dicen: “está bien muerto” cambiando completamente el discurso, hasta los que pararon el país por 130 días protestando por las retenciones hasta que consiguieron la derogación de la 125, y cuando la soja bajó de precio pidieron a gritos que el estado se hiciera cargo de sus pérdidas, voces que hoy, con el grano a $1.030 la tonelada ya no se oyen.


En otras palabras, el estado, al igual que la democracia, no es un chaleco que nos ponemos y sacamos de acuerdo a la temperatura, es la piel del país, la que permite que todos vivamos juntos; a veces bien, a veces regular y otras a los cachetazos. Pero es la única que tenemos, y si vamos a cambiar el discurso cada vez que nos convenga, mas vale que nos vayamos a vivir a una isla desierta. Así estaremos, al menos, de acuerdo con nosotros mismos….o no.

Marta Pascual

jueves, 28 de mayo de 2009

¡¡¡Malditas computadoras!!! Nuevamente nos dejaron sin la grabación del programa. Si te lo perdiste.... ajo y agua otra vez.

viernes, 22 de mayo de 2009

¿ELECCIONES?

Estamos siendo testigos de la descarada lucha por el poder que protagonizan el gobierno, la oposición y los que hasta hace poco estuvieron de una vereda y hoy están en otra. Mientras ellos pelean, se putean, sacan a relucir el pasado sucio de muchos, nosotros seguimos con la mayoría de las cuentas pendientes sin resolver.

La desocupación, falta de inversiones en lo público y lo privado, la educación, el reparto equitativo de las ganancias, la justicia, y podríamos seguir así eternamente enumerando aquellas injusticias que muchos prometieron revertir y olvidaron solucionar cuando tenían la posibilidad de hacerlo.

En este contexto, y casi sin querer, recordamos los 40 años del Rosariazo, aquel gigantesco BASTA que dijo la ciudad al agotarse su paciencia y que hoy debería repetirse -de otra manera quizás- ante la vergonzosa muestra de patoterismo y escaséz ética de nuestros representantes y de los que intentan serlo.

No hace falta decir que tenemos por delante, como arma letal, las elecciones que nos permitirán demostrarles cuán hartos estamos de ellos y sus actitudes. Pero no olvidemos que votar no es vivir en democracia, hace falta que todos nos comprometamos, participemos y nos transformemos en guardianes de nuestros derechos. no permitamos que nos mientan, no dejemos que nos arrebaten el presente y el futuro.
Marta Pascual

Por problemas técnicos nos vemos imposibilitadas de subir el programa del día Jueves 21 de Mayo. Si te lo perdiste.......lo lamentamos mucho.

viernes, 15 de mayo de 2009

LOS PRIMEROS VEINTE

Dicen que veinte años no es nada. Si esto es cierto, veinte semanas son muchísimo menos. Las madres solemos decirle a nuestros hijos: ¡ te lo dije veinte veces!. Como si ese número representara los infinitos retos y advertencias que les hacemos. Para nosotras, las que conformamos Sin Alternativa, significa veinte maravillosas oportunidades de hacernos oir, de llegar a Uds. De comunicarnos. Esta es una buena manera de festejar la magia de la que somos parte, la de la radio, la de saber que del otro lado hay alguien que comparte con nosotras esta hora maravillosa. Están todos invitados, la fiesta recién comienza, hoy cumplimos veinte programas y estamos contando con uds.

Si no pudiste escucharnos, acá está el festejo http://www.sendspace.com/file/a4x1zj

viernes, 8 de mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

LOS GLORIOSOS ´70 Y ´80

Cuando nos volvemos viejos empezamos a creer que lo pasado fue mejor. Algunas veces tenemos razón, otras simplemente entendemos que fueron distintos. Como la moda, la música, los hábitos. Los tiempos cambian. Para los que tenemos más de 30, este será un viajecito al pasado, los más jóvenes podrán descubrir y hasta reirse de la época en que sus padres eran los dueños del mundo.

Recordaremos costumbres como la “toca” -nada que ver con el sexo-, los pantalones pata de elefante, la música disco, las canciones de protesta, los hippies, las películas catástrofe, y todas aquellas cosas que marcaron las décadas del 70 y 80 y a los que éramos jóvenes en ese momento.

ALGUNAS VERDADES SOBRE LA PENA DE MUERTE

Cada vez que ocurre un hecho de violencia, homicidio, robo a mano armada, o cualquier otro delito grave, somos testigos de un brote cuasi sicótico en personas que reclaman justicia. Dejando de lado las víctimas y sus familiares o amigos directos –quienes razonablemente y bajo una fuerte carga emocional- exigen reparación por el daño, aparecen otras personas que sin tener la menor idea y sin ningún sentido común vociferan en nombre de la ley palabras como: Justicia, pena de muerte, derechos humanos y otras similares porque no se atreven a decir la única que en realidad están anhelando: VENGANZA.

Para aquellos que creen que la solución está en “matar al que mata” aquí les dejo a modo de ejemplo algunos datos extraídos en su mayoría de la organización Amnistía internacional:

· Desde 1990 han sido ejecutadas en Estados Unidos más de 350 personas, y hay más de 3.300 condenadas a muerte. En la actualidad el castigo capital figura en el Código Penal de 38 estados, 24 de los cuales la aplican a las personas por delitos que cometieron cuando eran menores de edad.

· En 1989, la Corte Suprema de Estados Unidos falló que no era anticonstitucional ejecutar a retrasados mentales. Desde entonces se han llevado a cabo alrededor de treinta ejecuciones de personas con deficiencias psíquicas.

· No se sabe cuántos presos han sido ejecutados en Estados Unidos por delitos que no habían cometido. Amnistía Internacional ha documentado numerosos casos de personas a las que se les quitó la vida a pesar de existir serias dudas acerca de su culpabilidad.

· Los negros constituyen sólo el 12 por ciento de la población de Estados Unidos; sin embargo, el 42 por ciento de los condenados a muerte del país son personas de color.

· El 82 por ciento de los presos ejecutados desde 1977 habían sido condenados por asesinar a blancos. Otros factores, tales como la existencia de circunstancias agravantes, no explican la disparidad de las sentencias en relación con la raza del acusado y de la víctima.

· El director del Centro de Información sobre la Pena de Muerte de los Estados Unidos, Richard Dieter, aseguró que si bien se registró una marcada caída de sentencias a la pena capital para el período 1990-2000, los índices de muertes por actos criminales permanecen relativamente constantes en los últimos siete años.

Como verán, y pese a lo que diga la Sra. Susana Gimenez –quien vive en una enorme casa en Miami, dentro de un barrio cerrado y custodiado- la pena de muerte no sólo no garantizó la seguridad de los ciudadanos norteamericanos sino que no ayudó a disminuir el delito y fomentó el natural racismo al que el país del norte nos tiene acostumbrados.

Y, para terminar, queda la siguiente reflexión: Si pedimos la pena de muerte porque no confiamos en la justicia, ¿en quién recaería la tarea de llevar adelante los juicios y aplicar dicha sentencia?



Marta Pascual